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En Sevilla, todo habitante iba siempre fuertemente armado. Independientemente de sus condiciones económicas, incluso si no podían permitirse comprar comida, ropa o un lugar donde vivir, lo primero que adquiría cualquier ciudadano era una espada o una daga. La decoración del arma y su opulencia eran símbolo de la clase social a la que se pertenecía.

Armas blancasEditar

Las armas blancas podían ser desde muy simples y rústicas (simplemente para cumplir su función) a más ricamente labradas con metales y piedras preciosas, muestras de la suntuosidad de sus propietarios. Las armas blancas más comunes en el siglo XVI eran la espada de lazo y las dagas.

Las dagas más útiles para golpear al adversario eran las de mano izquierda, que podían romper la punta de la espada contraria. Se fabricaban a juego con la espada y algunas tenían hojas con marcados entrantes y salientes para poder quebrar el acero del adversario con el giro de muñeca.

Armas de fuegoEditar

Las armas de fuego ya estaban presentes en la Península en las batallas de la Reconquista. Los Reinos cristianos las utilizaron para enfrentarse a los Califatos. Eran frecuentes también las armas de mecha, que se empleaban para cacerías. En ellas se utilizaba el calor para prender la pólvora en un sistema de autoignición. Este disparo era muy difícil de controlar y carecía de precisión.

En el Renacimiento se van creando armas más complejas que darían lugar en el siglo XVI al arcabuz (sustituto de la ballesta, muy fácil de manejar, y que producía un disparo de corto alcance pero letal) y la pistola. Ambas funcionaban con una llave de rueda, un mecanismo a fricción para disparar armas de fuego y que permitía, por primera vez, que la pólvora se encendiera sola.

ReferenciasEditar

Junta de Andalucía - Catálogo de armas.

http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/media/docs/MACSE_armas.pdf