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La Cárcel Real de Sevilla se creó tras la reconquista de la ciudad. Fernando III la mandó edificar en el siglo XIII a partir de un edificio en ruinas con los fondos donados por Doña Guiomar Manuel.

Grandes personajes del Siglo de Oro español pasaron parte de su vida en esta Cárcel. Entre ellos, los artistas Alonso Cano y Martínez Montañés y los escritores Mateo Alemán y Miguel de Cervantes.

Fue en 1835 cuando la Cárcel Real cerró sus puertas: se trasladó al edificio de los Agustinos Descalzos de Nuestra Señora del Pópulo. A esta nueva prisión se le llamó Cárcel del Pópulo. La antigua cárcel fue derribada para convertirse en un hotel, una cafetería, el Círculo de Labradores o la sede de un banco.

La Cárcel Real se convirtió en un lugar masificado de presos, en el que la única forma de tener algo de espacio era pagar grandes cantidades de dinero para conseguir una celda propia. No había ningún tipo de higiene. Los retretes eran pozos y los presos, para evitar los castigos, se escondían dentro de la mugre.

El Padre Pedro de León describió en el siglo XVI a la Cárcel Real. Hizo especial mención a la cantidad de presos que se encontraban en ella, redondeando la cifra en más de mil. Este religioso hablaba también de los diferentes tipos de delitos y de las distintas clases sociales que se reunían en la prisión.

En el siglo XVI se podía entrar en prisión por motivos muy diversos. Desde ladrones a homicidas, pasando por falsificador de cédulas y monedas, brujas, mujeres que se realizaban prácticas abortivas, violadores o desertores se encontraban en esta prisión.

Muchos se refugiaban en iglesias, templos o conventos para acogerse al derecho de asilo y poder evitar entrar a la cárcel. Para salir, había que esperar largos procesos burocráticos o pagar lo suficiente como para hacer un trato con el guardia.

Dentro de la Cárcel había cuatro tabernas y bodegones en las que nunca faltaba agua y vino. El Asistente visitaba de forma periódica la cárcel (los martes) para comprobar las condiciones de la venta: la calidad de vino y el precio. Sin embargo la muestra que le daban a estos funcionarios era falsa, pues los pobres no bebían más que hiel y vinagre cuando pedían esta bebida. También había tiendas de venta de fruta y aceite.

Una forma de ganar dinero en prisión era fomentando y aprovechando el descontrol: si una persona venía a ver un preso, había quienes lo llamaban a voces a la vez para generar confusión. Los pícaros utilizaban ese momento para estafar o robar al visitante.

ReferenciasEditar

Universidad de Sevilla - Descripción de la Cárcel Real de Sevilla por el Padre León. https://personal.us.es/alporu/histsevilla/carcel_real_sevilla.htm