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«La promesa del Nuevo Mundo. Ahí la tiene. Vienen de todas partes buscando fortuna y esto es lo que encuentran: miseria y confusión.»
Celso de Guevara.

Descripción del personajeEditar

Celso de Guevara es el Inquisidor General. Su inquebrantable fe, severidad y vigilancia no suponen un impedimento para el disfrute de las inclinaciones artísticas e intelectuales que ofrece la Sevilla del siglo XVI. Celso es un hombre crítico y gran admirador de la pintura, la lectura y la filosofía. Este es uno de los motivos por los que profesa algo de simpatía por Mateo.

Hijo de un matrimonio noble de Castilla que tenía influencias en la Iglesia, Celso comenzó de cero en la jerarquía eclesiástica, pero su astucia y ambición hicieron que consiguiera llegar hasta el mayor puesto de la Santa Orden española, el de Inquisidor General.

Contexto del personajeEditar

La Inquisición era una de las instituciones más importantes en la Castilla del siglo XVI. Dentro de la Santa Orden, el mayor representante sería el Inquisidor General, cargo que ocupa Celso de Guevara. Este cargo era designado directamente por el Papa y, desde este momento, podía tomar decisiones sin que pasaran por Roma.

Las amenazas de expansión de las creencias luteranas hicieron que se reforzaran las persecuciones y condenas de la Santa Orden, sobre todo en ciudades como Sevilla. Esta urbe se caracterizaba por ser uno de los centros del comercio mundial, así como de tránsito de personas.

Manifestaciones artísticas, culturas y, por supuesto, creencias muy diferentes coexistían en la ciudad del Guadalquivir. El protestantismo vio en Sevilla el lugar idóneo para expandirse y la Inquisición el emplazamiento perfecto para vigilar esas prácticas. Celso trabajaba junto con funcionarios como Carabante, el Capitán de la Orden.

Desarrollo del personajeEditar

SPOILER II

LEAN CON PRUDENCIA, VUESAS MERCEDES


Este artículo o sección ha sido procesado por La Hermandad y ha sido condenado por contener spoilers del Episodio 2. Sigan leyendo bajo su responsabilidad.
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Tras la traición de Valerio, Mateo permanece en la cárcel de la Inquisición. Es entonces cuando Celso, que ha visto el cadáver de Azuaga, decide pedirle ayuda. Hace un pacto con Mateo: le conseguirá una bula de libertad a cambio de que resuelva el caso. Mateo no tiene más opciones, ya ha sido condenado y quemado en efigie, la única posibilidad que le queda es la hoguera.