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El concepto sobre en qué consistía la higiene en la Sevilla del siglo XVI era completamente distinta a la actual. La presencia almohade había dejado en la ciudad una serie de infraestructuras útiles, pero eran muy poco utilizadas por la sociedad contemporánea. Es más, la higiene personal no estaba bien vista, al ser considerada propia de moriscos y judíos.

Sin embargo, dada la gran producción de aceite de oliva en la orilla de Triana y la abundancia de barrilla, una planta que crecía en las marismas del río, Sevilla contaba con una gran industria jabonera, alojada en las llamadas almonas. Esta industria fue clave para el desarrollo capitalista de Sevilla. Desde finales del siglo XVI y a lo largo del XVII, las Reales Almonas pertenecían a la corona, quien cedía su explotación a la familia Enríquez de Ribera. Durante el siglo XVI, la fabricación de jabón creció exponencialmente, llegando a ser exportado a Flandes, Reino Unido y América, un comercio que duró hasta entrado el siglo XVIII.

En cuanto a accesorios de higiene, el peine contaba ya con un largo recorrido, habiendo sido empleado incluso por los egipcios. En la Sevilla del siglo XVI, los peines contaban con dos lados: uno de púas gruesas y otro de púas finas. Dependiendo de la clase social, los peines podían ser decorados de forma muy suntuosa, utilizando materiales como la madera, el hueso y incluso el nácar.

La falta de higiene generalizada dio lugar al uso habitual de manzanas de ámbar, también conocidas como pomerades. Estas consistían en unos recipientes redondos que podían ser rellenados con hierbas aromáticas y trozos de ambar, para así poder enmascarar el olor corporal de los ciudadanos. Estos accesorios se colgaban del cuello, colgando de una cadena, a modo de collar.

Se ha especulado que la falta de higiene en la Sevilla del siglo XVI pudo acuciar la propagación de los numerosos brotes de peste que sufrió la ciudad, aunque esta teoría no termina de estar probada con certeza, desatando cierto desacuerdo entre expertos historiadores, dado que también han existido brotes de peste en momentos en los que la higiene de las personas y el entorno han estado más cuidadas.