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A finales del siglo XVI, el arte sevillano y el fervor religioso de la población hacen que aflore una gran cantidad de representaciones iconográficas, cambiando así la imaginería de Castilla y las Indias.

El deseo popular de acercarse lo máximo posible a las imágenes y su necesidad de humanizarlas, incluso el deseo de llegar a vestirlas con ropas no religiosas y sacarlas por las calles de la ciudad en procesión, hizo que la iconografía se renovase de forma muy notable, especialmente en el ámbito de la escultura.

Los abrumadores porcentajes de mortalidad infantil de la época hicieron que la figura del Niño Jesús tuviera una gran popularidad entre la sociedad sevillana del momento, siendo adorado en los ámbitos privados y públicos por todos los sectores de la sociedad. Aproximadamente en 1580, el escultor Jerónimo Hernández realizó la versión renacentista del Niño Jesús, convirtiéndose en una de las figuras más representativas de la época.

En cuanto a la representación de Cristo, en el arte sevillano de la época predominó sobre todo la representación de la expiración en la cruz. Curiosamente, la escuela castellana no se decantó por esta representación en ningún momento. La representación de Cristo en la cruz se popularizó a través de la Cofradía de la Expiración, ubicada en el convento Casa Grande de la Merced, tras el encargo en 1575 de su imagen a Marcos Cabrera.

También se crearon en esta época muchas efigies a los santos, pero en este caso no les dotaron de personalidad propia, exceptuando la representación de San Juan Bautista con la cabeza cortada, y a las patronas locales, Justa y Rufina. En el caso de San Juan Bautista, fue el tipógrafo alemán, Jacobo Cromberger, quien popularizó esta imagen, ya que la incluyó como ilustración en el Retablo de la Vida de Cristo, escrita en 1505 por Juan de Padilla.

Isidro Villoldo y Juan Bautista Vázquez, el Viejo, pasan a ser dos de las figuras clave en el ámbito de la escultura sevillana en la segunda mitad de siglo, tomando así el testigo del estilo que se había cultivado desde el siglo XV en torno a la fábrica de la Catedral.