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SPOILER I

LEAN CON PRUDENCIA, VUESAS MERCEDES


Este artículo o sección ha sido procesado por La Hermandad y ha sido condenado por contener spoilers del Episodio 1. Sigan leyendo bajo su responsabilidad.
Si consideran que alguna información está mal situada, le invitamos a cambiarla.

“Si desaparecieran los niños, la economía de esta ciudad no se sostendría.”
La serie comienza con Monardes y Zuñiga visitando una chabola del arrabal donde se ha encontrado un cadáver. Monardes reconoce el cuerpo y despeja todo tipo de dudas: es una víctima de peste.

Monardes avisa a Zuñiga de que esa noche mandará su informe al Cabildo para declarar la epidemia, pero le ofrece un pagaré en blanco a cambio de tres semanas de silencio. Monardes no cede al chantaje y abandona el arrabal. Entonces Zúñiga le pide a Morata un poco más de tiempo antes de hacer pública la enfermedad y le ofrece dinero a cambio de su apoyo. Los primeros pasos serán limitar el acceso a la ciudad y utilizar a los huérfanos para dar de comer a los enfermos.

Uno de estos huérfanos es Valerio que, tras dar la vuelta a su camisa seguro de poder así evitar la enfermedad, va chamizo por chamizo alimentando a los infectados con peste. En una de esas ocasiones Valerio decide aprovechar la oportunidad y colarse para robar los objetos de valor de una chabola en la que todos los habitantes han muerto. Solo ha sobrevivido un bebé al que Valerio se plantea tirar al río. Y lo hace, aunque no tarda en arrepentirse y volver a buscarlo para dejarlo en un hospicio.

Valerio vende la ropa que encuentra en las chabolas a los ropavejeros, para quienes trabaja Leandra. Después de regalarle un broche que quitó a uno de los cadáveres, Valerio vuelve a su refugio, donde ojea un libro del Nuevo Mundo.

En Toledo, Mateo pasa la noche con una prostituta. La mesonera interrumpe su sueño para darle un aviso: alguien quiere hablar con él. Cauteloso y armado, Mateo baja a la taberna donde le espera Manchado. Éste le dice que es el albacea de su amigo Germán Larrea, quien tenía como última voluntad sacar a su hijo bastardo de Sevilla. Se llama Valerio, pero nadie sabe dónde está.

Mateo se dirige a Sevilla y consigue entrar en la ciudad compinchándose con dos mercaderes genoveses. Tras deleitarse con el esplendor y exotismo de la Nova Roma, acude a casa de su amigo Luis de Zúñiga porque necesita un lugar donde poder quedarse un par de días. Zuñiga lo acoge y le cuenta cómo murió Germán: se ahogó en uno de sus viajes. Admite haber perdido la relación con Larrea y que ni siquiera fue a su entierro porque no lo avisaron. El suntuoso palacio en el que se encuentran y su forma de vida hacen a Mateo preguntarle a Zúñiga cómo se ha vuelto tan rico.

Al día siguiente, Mateo va al hospicio a preguntar por Valerio. Le dicen que pregunte por El Molina y va a la cárcel a buscarlo. Allí le hablan del chico como alguien maldito, que no trae nada bueno y que tiene la piel tan fina que la muerte no lo ve. Le dan una nueva pista: los luceros, los niños que se encargan de iluminar los traslados nocturnos de los sevillanos y se ponen las botas con los borrachos. En ese momento, llega la Inquisición y se ve a Mateo incómodo. Chirlo, que se ha encargado de guiarlo por la cárcel, lo saca por otro lado, a cambio de más dinero.

Gracias a los luceros, Mateo llega a casa de Arquímedes. Le pregunta por el paradero de Valerio, éste le dice que se pase al día siguiente. Cuando Mateo regresa, Arquímedes le presenta a un chico llamado Quintero intentando convencerle de que se trata de Valerio. Mateo empieza a interrogarlo, pero cuando ve que tiene el pañuelo de Germán se lo cree.

En las calles de Sevilla Mateo ve pasar a Teresa, la viuda de Germán. La mujer se sube a un carruaje con su Administrador. Teresa observa las calles de Sevilla desde su carruaje cuando alguien llama su atención, es Eugenia. Teresa le pide a su Administrador que encuentre a esa chica.

Zúñiga consigue un almacén para guardar trigo. Le pide a Sixto que lo gestione, que compre el máximo posible y consiga que los demás vendan sus reservas. También le recomienda que saque a su familia de la ciudad por si la peste se extiende. Esa noche, cena con Mateo y Quintero. Su amigo le cuenta que quiere sacar al chico de la ciudad y darle un trabajo.

Valerio, por su parte, se reúne con Leandra. La joven ha dejado de trabajar para los ropavejeros porque ya no se permite vender la ropa de los muertos. Valerio le pide que vaya con él al Nuevo Mundo.

El hombre del hospicio le muestra a Mateo el refugio de Valerio. Mateo ve allí el libro del Nuevo Mundo. Valerio intenta huir al encontrarlo en su escondite, pero Mateo le da caza. Después de forcejear halla la manera de hacerle entrar en razón: él le llevará a las Indias.

Los dos vuelven al palacio de Zúñiga y Mateo castiga a Quintero dándole fuertes latigazos con su cinturón. Después acude a recuperar su dinero a casa de Arquímedes. Cuando le pide explicaciones, los niños van a atacar a Mateo, pero se asustan al ver a Valerio. Esa noche, Zúñiga facilita a Mateo y Valerio una reunión con el Irlandés para que les consiga los pasajes para el Nuevo Mundo. En ese encuentro Valerio denuncia a Mateo a la Inquisición a cambio de dinero.

Ambos esperan la llegada del barco, pero, de repente, Valerio se da la vuelta. La Inquisición apresa a Mateo.

El Inquisidor General, Celso, encuentra un cadáver con estigmas en las manos.

Al final del episodio, la ropavejera trata de pasar ropa a la ciudad entrando por una de las Puertas de Sevilla. El vigilante no le permite traer nada de fuera, pero la ropavejera lo soborna con jabón, diciendo que se trata de jabón de Bolonia y consigue entrar en las murallas.